
"¿A dónde vamos?
- Si no estais ciego, como hallaís salido alguna vez por el mar de Marsella, podreís adivinarlo.
- Pues no acierto.
- Mirad a vuestro alrededor.
Púsese Dantés de pie, y mirado hacia donde el barco parecía dirigirse, distinguió en la oscuridad, a cien toesas, la negra y descarnada roca en que campea como una esfinge el sombrió castillo de If.
Esta mole informe, esta prisión terrorífica que provee a Marsella de consejas y tradiciones lúgubres, como Dantés no pensaba en ella, le hizo al distinguirla aquel efecto que el cadalso hace al que va a morir.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡El castillo de If!¿Qué vamos a hacer allí?
El gendarme se sonrió." (Dumas, A. 2006)
"-¿Donde vamos?
- A menos que tengais vendados los ojos o que no hayaís salido nunca del puerto de Marsella, debéis adivinar a donde vais.
- No.
- Mirad a vuestro alrededor...
Dantés se levantó, dirigió naturalmente la vista hacia el punto hacia el que se dirigía la barca, y a doscientos metros de distancia vió elevarse, delante de el, la erizada y negra roca sobre la que está situado, como una cristalización de pedernal, el sombrío castillo de If.
Esa extraña forma, esa prisión a cuyo alrededor reina el más profundo terror, esa fortaleza que presta a Marsella hace trscientos años materia para tristes tradiciones, apareciose de repente a Dantés, que ni por un momento se acordaba de ella, le produjo el efecto que a un condenado a muerte la vista del cadalso.
- ¡Ah, Dios mío! -exclamó- ;el castillo de If, ¿y qué vamos a hacer allí?
El gendarme sonrió." (Dumas, A. 1980)
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