LITERATURA E HISTORIA

Es curioso como los escritores de todas las épocas, reflejan en sus obras los detalles de la vida cotidiana de su tiempo y de su espacio.
Las sutilezas de una vida que hoy no podríamos comprender nos son narradas como si el tiempo dejara de correr y se detuviera en un punto fijo, permitiéndonos viajar en dirección contraria a la que la teoría Newtoniana nos ha acostumbrado a viajar.
Gracias a esta simbología nos es posible hacer con el tiempo lo que no le es posible a ningún otro ser mortal.
Con este pretexto propongo un diálogo con aquel que quiera bajarse de esta maquinaria postmoderna globalizada en la que se ha convertido la vida y tomarse unas vacaciones en la Francia del siglo XIX y sus notables escritores.

viernes, 1 de enero de 2010

El Castillo de If



"¿A dónde vamos?


- Si no estais ciego, como hallaís salido alguna vez por el mar de Marsella, podreís adivinarlo.


- Pues no acierto.


- Mirad a vuestro alrededor.


Púsese Dantés de pie, y mirado hacia donde el barco parecía dirigirse, distinguió en la oscuridad, a cien toesas, la negra y descarnada roca en que campea como una esfinge el sombrió castillo de If.


Esta mole informe, esta prisión terrorífica que provee a Marsella de consejas y tradiciones lúgubres, como Dantés no pensaba en ella, le hizo al distinguirla aquel efecto que el cadalso hace al que va a morir.


-¡Dios mío! -exclamó-. ¡El castillo de If!¿Qué vamos a hacer allí?


El gendarme se sonrió." (Dumas, A. 2006)

"-¿Donde vamos?

- A menos que tengais vendados los ojos o que no hayaís salido nunca del puerto de Marsella, debéis adivinar a donde vais.

- No.

- Mirad a vuestro alrededor...

Dantés se levantó, dirigió naturalmente la vista hacia el punto hacia el que se dirigía la barca, y a doscientos metros de distancia vió elevarse, delante de el, la erizada y negra roca sobre la que está situado, como una cristalización de pedernal, el sombrío castillo de If.

Esa extraña forma, esa prisión a cuyo alrededor reina el más profundo terror, esa fortaleza que presta a Marsella hace trscientos años materia para tristes tradiciones, apareciose de repente a Dantés, que ni por un momento se acordaba de ella, le produjo el efecto que a un condenado a muerte la vista del cadalso.

- ¡Ah, Dios mío! -exclamó- ;el castillo de If, ¿y qué vamos a hacer allí?

El gendarme sonrió." (Dumas, A. 1980)

El puerto de Marsella


"En un instante, y también como de costumbre, se llenó de curiosos la plataforma del castillo de San Juan, porque en Marsella se daba gran importancia a la llegada de un buque y sobretodo si le sucedía lo que al Faraón, cuyo casco había salido de los astilleros de la antigua Focia y pertenecía a un naviero de la ciudad" (Dumas, A. 2006)

En seguida, también como de costumbre, la explanada del fuerte de San Juan se llenó de curiosos; porque en Marsella es siempre un acontecimiento la llegada de un navío, especialmente cuando el barco ha sido, como el Faraón, construido, aparejado y cargado en los astilleros de la antigua Phocia, y, como en este caso, pertenecía a un armador de la ciudad. (Dumas, A. 1980)

Una aproximación a la organización interna de un buque de carga